DISCURSO DEL SR. RICARDO CABRISAS RUIZ, MINISTRO DE GOBIERNO DE LA REPUBLICA DE CUBA, ANTE LA TERCERA CONFERENCIA DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE LOS PAISES MENOS ADELANTADOS.

BRUSELAS, 14 AL  20 DE MAYO DEL 2001

 

Excelencias:

 

Comenzando un nuevo milenio, los hechos imponen realizar una reflexión sobre el sistema en que se han basado las relaciones económicas internacionales en los últimos cuarenta años y sobre las instituciones multilaterales surgidas en la época de post-guerra que, lejos de cumplir con las expectativas que les dieron origen, han servido sólo para agudizar las dificultades de los países sub-desarrollados.

 

Se han desplomado las justas aspiraciones y la confianza de los Estados soberanos que emergieron tras el proceso de descolonización ocurrido a principios de la década de los años sesenta.

 

Se enmascara la traumática realidad en que vive un importante grupo de países que en los últimos 30 años ha crecido de 24 a 49 y que surgió como una nueva categoría en el seno de los países en desarrollo, los llamados Países Menos Adelantados.

 

No se han alcanzado las metas trazadas en el Programa de Acción aprobado en la Segunda Conferencia de París de 1990 y los agudos problemas económicos de esos países, lejos de disminuir, han crecido en alarmante espiral, unidos además a tensiones sociales y conflictos violentos.

 

La tasa de crecimiento promedio del Producto Interno Bruto por habitante fue de un 0,9% anual, que resultó muy inferior al ritmo requerido para reducir la pobreza, según informe de la UNCTAD.

 

Solamente 6 Países Menos Adelantados, tuvieron un crecimiento del Producto Interno Bruto per cápita superior al 3%  en el año 2000 y sólo 10 alcanzarían esa tasa al finalizar el presente año, según estimaciones recientes.

 

Se redujo el precio de sus productos básicos exportados en la década del 90 en una tasa promedio anual del 1,5% y en 1999 estas economías representaban sólo el 0,5% del comercio mundial.

 

Se incrementó la deuda externa en más de 49 000 millones de dólares, mientras que el déficit en cuenta corriente sobrepasó los 80 000 millones de dólares, según el Banco Mundial.

 

Crece la marginación de este grupo de países, que con algo más del 10% de la población del planeta, representa escasamente el 1,6% del Producto Interno Bruto mundial en 1999.

Continúan los Países Menos Adelantados sin beneficiarse de los avances en las esferas científico-técnicas, especialmente de las tecnologías de información, comunicación y biotecnología.

 

Se ha visto debilitada, aún más, la capacidad endógena para formular e implementar estrategias y políticas de desarrollo, como consecuencia de conflictos sociales y militares, los desastres naturales y la propagación de enfermedades.

 

Sr. Presidente, distinguidos Ministros y jefes de delegaciones:

 

En la Declaración y Programa de Acción de París, se reconoció como principio básico una asociación para el desarrollo basada en la responsabilidad compartida. Los Países Menos Adelantados se vieron forzados a llevar a cabo reformas económicas iniciadas en el decenio de 1980, a través de un muy cuestionado proceso de liberalización económica, privatización y apertura comercial externa, acorde a las políticas neoliberales, proceso que ha demostrado un total fracaso.

 

Por su parte, sus socios en el desarrollo se comprometieron a poner a su disposición un incremento sustancial del apoyo externo, que no se materializó.

 

Los resultados son, a todas luces, decepcionantes. La persistencia de un entorno económico internacional desfavorable, así como el bajo nivel de cumplimiento de los compromisos asumidos por la comunidad internacional, en particular por los países industrializados, condicionaron este panorama. Así, el compromiso inicial de destinar anualmente el 0,7% del Producto Interno Bruto a la Ayuda Oficial al Desarrollo nunca ha sido cumplido por el conjunto de los países desarrollados. A finales de la pasada década sólo aportaban el 0,24% con destino a los países sub-desarrollados y en el caso de los Países Menos Adelantados ésta disminuyó en más de un 44% entre 1990 y 1999, mientras los flujos de capital privado no han compensado esa disminución.

 

Los países desarrollados, como aliados en el desarrollo, tienen una oportunidad única para contribuir a la concertación de esfuerzos en favor de los Países Menos Adelantados. Es necesario que se demuestre esa voluntad política y no se pretendan diluir estas responsabilidades históricas.

 

Distinguidos Ministros y Jefes de Delegaciones:

 

Creemos firmemente que sin un replanteamiento radical del sistema y de los principios en que se basan las relaciones internacionales actuales y sin la voluntad política seguida de una decisión de los gobiernos e instituciones internacionales que hoy marcan las tendencias predominantes en la economía mundial, el desarrollo para estas naciones más pobres continuará siendo una quimera.

 

Nunca hubo tanta confusión, descontento e inseguridad en la esfera internacional. Nos encontramos ante una posible nueva crisis económica mundial que llevaría a la ruina a muchas de las naciones del mundo, multiplicaría la pobreza, el hambre y frustraría cualquier esfuerzo que realicen los Países Menos Adelantados por garantizar una vida digna a los 614 millones de personas que en ellos habitan.

 

No existen indicios de que los que ostentan los grandes poderes y los recursos mundiales para cambiar el curso de los acontecimientos, comprendan esta realidad.

 

Son las políticas económicas, financieras, las olas liberalizadoras y de privatizaciones que acompañan el proceso de globalización neoliberal las que han consolidado la marginalización de las economías más pobres, reforzando la transferencia neta de recursos financieros del Sur hacia el Norte y las que condicionan la desigual distribución de los costos y beneficios resultantes de estos procesos.

 

Vemos con preocupación cómo se incrementan las condicionantes vinculadas al proceso normativo del Fondo Monetario Internacional; cómo se imponen normas multilaterales que transgreden espacios de soberanía nacional; cómo durante el propio proceso negociador preparatorio de esta Conferencia se presiona a los Países Menos Adelantados para que adopten severas recetas de política interna.

En definitiva, aumentan las exigencias para que estas economías cedan en su derecho soberano de decidir sus propias políticas económicas y de desarrollo.

 

Mientras, acreedores, inversionistas y potenciales donantes de ayuda al desarrollo se empeñan en atribuir la principal responsabilidad de las crisis, el subdesarrollo y la pobreza a los países que las sufren, justificando el origen de estos fenómenos en las debilidades de sus mercados, de sus políticas y de sus instituciones.

 

Estamos convencidos de que no serán medidas de alivio e iniciativas tibias las que propiciarán el desarrollo de los Países Menos Adelantados. En este sentido, saludamos la decisión de la Unión Europea de abrir las puertas de su mercado común a la entrada libre de todas las exportaciones de esos países.

 

Consideramos sin embargo, que medidas de este tipo no darán respuesta por sí solas, a los graves problemas de los Países Menos Adelantados si no van acompañadas de acciones efectivas para corregir los desequilibrios y asimetrías del actual sistema multilateral de comercio; si no se democratizan las instituciones financieras internacionales, garantizando la plena participación de todos los países en desarrollo en el proceso de toma de decisiones y un marco global de atención a los justos reclamos del conjunto de estos países  y a las necesidades de sus economías; si no se reconoce el origen estructural de la injusticia que subyace en la economía mundial y si no se incrementa significativamente el flujo de recursos financieros hacia los países en desarrollo y en particular hacia los Países Menos Adelantados.

 

La deuda externa reclama decisiones políticas y ante las contradicciones e inconsistencias de las diversas iniciativas, existe un sólo camino: su condonación incondicional, acompañada de mecanismos que garanticen un flujo sostenido de recursos financieros en condiciones concesionales.

 

Cuba, agredida y bloqueada por la potencia más poderosa de la historia de la humanidad, en medio de grandes dificultades económicas ha desarrollado y mantiene un amplio programa de cooperación con los países del Tercer Mundo y, en particular, con varios Países Menos Adelantados de América Latina y el Caribe, Africa y Asia: la salud, la educación, el deporte, la agricultura y la pesca, entre otros, constituyen los sectores en que hemos concentrado nuestros esfuerzos. No importa cuan pequeño y pobre se sea, siempre se puede tender la mano franca de la solidaridad.

 

Mucho hemos oído hablar en estos días sobre la terrible realidad que en materia de salud enfrentan los Países Menos Adelantados. Valdría la pena recordar solamente unos breves datos:

-                  Más de 11 millones de niños menores de 5 años mueren cada año en el Tercer Mundo a causa de enfermedades      previsibles;

-                  El 99,5% de las muertes maternas ocurren en el Tercer Mundo;

-                  La esperanza de vida en Africa no supera los 48 años.

 

Sr. Presidente:

 

En nombre del Gobierno cubano deseo reiterar la propuesta que hiciera el Presidente Fidel Castro en ocasión de su intervención en la Cumbre del Milenio, cuando expresó la total disposición de Cuba de enviar hasta 3 mil médicos y personal paramédico para cooperar de forma gratuita con los países sub-desarrollados, en especial con aquellos que presentan las peores condiciones sanitarias y de salud. Los países desarrollados podrían aportar el financiamiento necesario para los medicamentos y otros insumos imprescindibles para llevar a cabo este Programa.

 

Sr. Presidente:

 

Defendamos los principios de la cooperación y la solidaridad frente a la persistente pobreza que afecta regiones enteras del Sur para que el Plan de Acción que apruebe esta Conferencia se corresponda con las urgentes demandas de nuestros tiempos y con las iniciativas que se hayan promovido en los foros internacionales a favor de los Países Menos Adelantados.

 

Muchas gracias

 

16 de mayo de 2001